Sunday, April 23, 2006

Hombres y mujeres de pasión y fuego


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Querido Timoteo:

¡Tienes razón! Creo que mis cartas anteriores con sus definiciones acerca de la pasión evangelizadora pueden ser claramente verificables en la historia del cristianismo y del movimiento misionero a través de los siglos. Es posible que no pueda entrar en este artículo por las limitaciones que me impone el estilo epistolar en sí, pero no quisiera obviar algo que ha sido mi costumbre desde recién convertido.

Debo confesarte que desde recién convertido mi corazón me arde dentro de mí cada vez que cito, leo o escucho acerca de los hombres y mujeres presos en la pasión evangelizadora. Esos hombres y mujeres de fuego que engalana nuestras páginas de héroes y heroínas de la fe. Los he contemplado, escuchado, vivido con ellos, hasta que casi he sentido el pulso de ellos. Sus pruebas y dificultades, sus oraciones y lágrimas; sus gozos y tristezas, han sido mío. He transitado con ellos la negra noche del alma, ese tiempo cuando parece que hasta el cielo, no los oía ni los comprendía. Pero ellos se aferraron a la pasión evangelizadora que los consumía y no se dejaron arrastrar por la auto conmiseración. Se lanzaron a la conquista de naciones, reinos, pueblos y cambiaron la historia de esos lugares. Hoy en esas naciones reina la luz donde antes imperaba la barbarie. Entonces viendo esas vidas triunfantes. Una y otra vez, he caído de rodillas y dicho al Señor como el profeta: “!Oh, si rompieses los cielos y descendieras!” Una cosa me impresiona al estudiar esas biografías de hombres y mujeres de Dios: !Tenían pasión evangelizadora! Y no pedían perdón ni permiso para desplegarla en beneficio de otros.

Comenzaré la galería de mis héroes citando al Conde Von Zinzendorf, fundador de la comunidad de los Hermanos Moravos, la iglesia evangélica que más misioneros envió al mundo perdido, de tal manera que cuando Guillermo Carey, salió desde Londres para ir a la India, ya los moravos tenía unos 300 misioneros en todos el mundo...
Este era el secreto que motivó su pasión evangelizadora: “Tengo una sola pasión: es Él y sólo Él”


Pasión evangelizadora fue lo que le llevó a exclamar a Francisco Javier, en la cubierta del buque hindú que le llevaba a los países en donde nace el sol, y ante la visión de los muchos sufrimientos que le esperaba: “Todo eso y más, !oh Dios mío! Con tal que pueda cosechar almas para tu reino”. Su sueño era llegar a la China; pero una y otra vez se lo impidieron, ante la negativa reiterada dijo: “Lo que nos llena de valor es que Dios mismo ha inspirado en nosotros este pensamiento...y que no dudamos de su poder que sobrepasa infinitamente al rey de la China” Entonces, lo volvió a intentar. Las autoridades se lo impidieron y llegó a la Isla de Sanchón...se cuenta que antes de morir, fue llevado a las puertas de la muralla y entonces conmovido exclamó: “!Piedra, piedra, piedra! Cuando te abrirás para mi Señor Jesucristo” Puede ser que nosotros pudiéramos criticar sus métodos; pero lo que nunca se podrá negar era su pasión evangelizadora que poseía.

Inflamado por esta misma pasión evangelizadora, en 1793 Guillermo Carey, desembarcó en Calcuta y desde allí comenzó un ministerio con muchos sufrimientos, entre ellos: enfrentarse a una cultura que sacrificaba a sus niños en el río Ganges y quemaba a las viudas junto al cadáver de su esposo; la compañía Británica que era prácticamente la dueña del comercio indio, lo declaró su enemigo; el doctor John Thomas, su compañero de labor misionera era un hombre de carácter difícil y derrochador de los pocos recursos económicos que recibían; su junta que lo respaldaba con recursos económicos desde Londres, casi no funcionaba; la esposa de Carey se enloqueció por el sufrimiento; tenía el trabajo de traducción de las Escrituras a unos treinta y cinco idiomas diferentes. En los momentos de mayor dificultad económica les escribió a sus amigos de Inglaterra:
“Mi posición resulta ya insostenible...Hay dificultades por todas partes, y muchas más por delante. Por lo tanto, tenemos que seguir adelante”.
Tal pasión evangelizadora no quedó sin recompensa. Pronto le llegaron de Inglaterra, además de los fondos necesarios para la subsistencia de Carey y sus acompañantes, otros misioneros dispuestos y disponibles para someterse a la misma pasión evangelizadora y a los mismos sufrimientos.

Impulsado por esta misma pasión evangelizadora encontramos a David Brainerd, quién logró servir al Señor entre los Indios Pieles Rojas, en medio de muchos trabajos y lágrimas. Su vida y muerte, ha sido usada por el Señor para llamar a muchos hombres y mujeres al ministerio misionero: “Dios me hacía sentir tal agonía en la oración que me empapaba de sudor, aunque estuviese en la sombra y la temperatura fuese fresca. Sentía gran preocupación por el mundo perdido, por la multitud de almas sin Cristo”-En otra parte de su diario añade:
“No me importa donde y como vivía o cuales eran los sacrificios que tenía que pasar con tal de ganar almas para Cristo. Esto era el objeto de mis sueños mientras dormía y el primero de mis pensamientos al despertar”.


Es casi seguro que me han oído hablar de ese otro privilegiado con una pasión evangelizadora extraordinaria: Willian Borden. Nació millonario. Se preparó en la Universidad de Yale. Graduó con honores. Fundó una la organización: “Hope Rescue Misión”, que todavía funciona en los barrios más bajos de New Haven en Connericut. Un visitante europeo dio el siguiente testimonio de este joven: “La cosa más impresionante que yo he visto en América fue ese estudiante millonario Borden, arrodillado en la misión, con el brazo echado por encima de un vagabundo”. Borden dio su vida para ser misionero en tierras extranjeras y cuando iba de viaje hacia el campo misionero por él escogido en la provincia de Kansu, en la China, enfermó gravemente de meningitis espinal en el Cairo, Egipto. Allí murió. En su Biblia había firmado lo que pudiera ser su compromiso personal con el Señor.
Borden escribió: “Sin reservas, sin retiradas, sin lamentaciones”.
Algunos de los amigos de sus padres, que no eran creyentes, dijeron: "¡Que desperdicio de vida!". Pero en la economía divina no se desperdicián los recursos humanos, se invierten. La muerte de aquel brillante joven, hacen recordar las palabras de JESÚS:"De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto". Juan 12.24 (RV60) Es imposible contar hasta este momento en el cual escribo estas palabras, el número de los misioneros que fueron hace medio siglo al campo misionero inspirado en la visión, pasión y muerte de William Borden. También resuelta imposible contar los frutos que ellos llevaron desde la muerte a la vida en Cristo. Me emociona pensar por un instante, si entre aquellos que fueron, estuvieron mis padres espirituales, Carlos y Shirley Clark. ¡Oh cuanto gozo será encontrarme en el cielo con mi hermano Borden! Sólo imaginármelo, me llena de una alabanza infinita a nuestro Dios, por eso sostengo desde hace muchos años: ¡Ningún esfuerzo en la evangelización se pierde!

Pero me quedaría corto, si no te hablara, Timoteo, de David Livingstone, aquel bautista inglés, de hace dos siglos. Si vas es este día fueras a Inglaterra, y visitaras la Abadía de Westminster, allí encontrará los restos de ese hombre que es venerado por todos los ingleses. Sí, por supuesto, me refieron a David Livinsgtone. Misionero bautista. Fue al Africa con un nombramiento oficial del gobierno británico, y como agente de la Real Sociedad de Geografía, pero su pasión evangelizadora y amor por los perdidos se revelan en sus palabras en respuesta a una sugerencia para que el fuera solamente como un científico:“Yo no estaría presto a ir sencillamente como un geógrafo, sino como un misionero, y el trabajo de la geografía será secundario. La exploración de esta tierra es una obra buena solamente hasta el grado en que abra el camino para la salvación de su habitantes. Considero que la exploración geográfica es solamente el principio de la empresa misionera”.

Su intensa labor misionera solamente fue interrumpida cuando el 1 de mayo de 1873, fue encontrado muerto postrado sobre sus rodillas. Oh, mi amado marchista. Nosotros estamos caminando sobre la tierra santa de verdaderos hombres que se dieron todo por la pasión evangelizadora que los consumía.

Bien podemos cerrar esta galería diciendo lo que el autor de Hebreos dijo sobre los que poseían una pasión por Dios semejantes a ellos en el Antiguo Testamento: “!El mundo no merecía gente así!” (Hebreos 11.38 NVI)

Mi amado marchista: Siento un gozo indescriptible en este momento porque todavía me acuerdo cuando en aquel adiestramiento, viniste a mí. Me dijiste que eras un profesional universitario pero que tu corazón ardía ante el llamado de Dios. Que sentías que Dios haría grandes cosas contigo. Hoy cuando escucho de tus éxitos en la obra del Señor, sé que se lo debes a esa pasión evangelizadora que sientes hasta los huesos. ¡Alabado sea el Señor! Pero el tiempo ha pasado y es hora de terminar esta correspondencia por hoy.

Nos veremos en el Adiestramiento de este año para la Marcha Evangelizadora. ¡Allí te espero porque esa es la concentración de los hombres y mujeres de pasión y fuego de nuestra generación. Sí, Timoteo de los hombres y mujeres como tú. ¡No hay tiempo que perder!

Abrazo.
Francisco
Ps. La fotografía corresponde a los marchistas que asistieron a la Primera Marcha Evangelizadora en los Estados Unidos, eso fue en 1997, en Fort Lauderdale, Florida. Después, perdimos el rastro de varias que se han hecho. Esto parece una historia sacada de algún libro de misionología: Iglesias venezolanas, con sus propios marchistas y con sus propios recursos económicos, han hecho historia misionera en Estados Unidos y muy especialmente, han sido usados para despoblar el infiernos y poblar la Nueva Jerusalén que nos espera y que vendrá desde el cielo. ¡Alabado sea el Señor!
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Friday, April 21, 2006

¡Así nacimos!


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Querido Timoteo:

Gracias por animarme a hablar de los comienzos de la Marcha y sobre todo de cómo dimos los primeros pasos que marcaron definitivamente nuestro comienzo. Debido a que me han caído rápidamente estos treinta años encima, sin casi darme cuenta; y, que al ponerme más viejo, la mente se me ha ido nutriendo de aquellos tiempos pasados, lo haré. Además, es natural para ti, “marchista hasta el hueso”...que intentes descubrir algo de las raíces de tu pasión evangelizadora.

Es necesario decirte en primer lugar que desde el principio tuvimos que enfrentar diversos problemas, los cuales nosotros convertimos en desafíos. El primer problema que tuvimos que enfrentar fue con nosotros mismos, en mi caso, tuve que aprender a evangelizar persona a persona. Por aquel tiempo en nuestras iglesias bautistas, la mayoría de nosotros teníamos en mente que una persona se convertía en un templo, generalmente, levantando la mano y pasando al frente. En otras palabras, la evangelización era “templo-céntrica”. Uno de los medios que más utilizábamos eran las campañas evangelísticas y la predicación desde el púlpito, siempre en el templo. Tuve el privilegio de ir al Seminario Teológico Bautista de Venezuela y ser enseñado en la preparación de sermones por ese príncipe de los predicadores venezolanos, el Rev. Germán Núñez Bríñez. Así que al egresar del Seminario me dediqué a predicar. Gracias al Señor, tuvo misericordia de mí y tuve algún éxito como evangelista, no solo en Venezuela sino también fuera de mi país. Pero yo no me sentía bien con un ministerio así de por vida. Habiendo sido yo mismo un laico muy dedicado al Señor y fotógrafo clínico en el Hospital Vargas de Caracas, me encontré que algunos de las personas que intenté evangelizar, nunca llegaron ni llegarían al templo de la iglesia Emanuel de la Castellana en donde era miembro. Es más la muerte me los había ganado al sacarlos de esta vida sin Cristo y desde mis propias manos. Era necesario no llevar a las personas a la evangelización al templo, sino al contrario llevarle la evangelización del templo a donde estaban las personas sin Cristo.

Pasaron rápidamente varios años y ahora era el pastor de la Iglesia Bautista el Buen Pastor de Maracay. ¡Una gran cosecha de almas que el Señor nos envió en aquellos años, hicieron de El Buen Pastor una iglesia relevante y por supuesto como yo estaba allí, fui bendecido en muchas maneras! La juventud evangélica de Maracay, me involucró en una actividad que se llamaba: Concentración Bíblica Juvenil. Las vigilias de oración y los adiestramientos para la evangelización personal, se pusieron de moda. Muchos se convirtieron en aquellos años y los más de nosotros nos hicimos dirigentes conocidos tanto en el Estado Aragua como en el resto del país. Allí conocí a la Cruzada Estudiantil y Profesional Para Cristo, ellos nos enseñaron a manejar dos folletos: ¿Ha hecho usted el maravilloso descubrimiento de la vida llena del poder del Espíritu Santo?; y ¿Ha oído usted las cuatro leyes espirituales? Para ser honesto con la verdad histórica, yo había sido influido por algunos que se burlaban de esos folletos y que los cuestionaban. Tampoco el movimiento contaba con la aprobación de algunas denominaciones evangélicas, los acusaban de llevarse a sus dirigentes juveniles de sus respectivas iglesias. Aunque yo no hacía ningún problema yendo en contra de aquellos jóvenes del Movimiento Alfa y Omega, ni de sus famosos folletos. Estaba alerta para no dejarme influenciar por ellos. Por lo tanto, yo procuraba por todos los medios, evadir sus adiestramientos y su literatura.

Gustavo Torres, era un joven estudiante de medicina en Facultad de Medicina de Maracay. Gustavo, era hijo de una hermana muy fiel y consagrada de la iglesia. Aquel joven, venía de vez en cuando, sobretodo, en las fechas importantes. Por eso, me extrañó verlo entre la cantidad de hermanos que llenaban nuestro pequeño templo, aquella mañana. También me sonó extraño que cuando me presentó a varios de sus compañeros de estudios, antes de iniciar el culto, me dijera: “¡Pastor le presento a mis discípulos!”... Prediqué he hice la invitación, Gustavo se puso en pie y con él “sus discípulos”. Pasaron al frente, me bajé de la tarima para atenderlos. Gustavo, tomó la palabra por sus amigos y me dijo: “Pastor, ellos ya son cristianos...ellos vienen para que usted los bautice...” Terminamos el culto pero las palabras de Gustavo Torres, “le presento a mis discípulos” no dejaban de rondarme en mi mente desde que las recibí.

La Semana Santa de 1976, estaba cercana. Yo le había pedido a Gustavo Torres que me consiguiera las Cuatro Leyes Espirituales y la Agenda de Educación Cristiana, porque eran los materiales que él utilizaba con “sus discípulos”. Me suministró lo que le pedí, los estudié a fondo, pero yo quería tener la experiencia de primera mano. Así fue como un día por la mañana, empecé a visitar algunos edificios cercanos al templo de la Iglesia Bautista El Buen Pastor de Maracay. Hoy puedo decir que el Señor guiaba mis pasos hacia el hogar que Él quería que yo visitara. Era el apartamento de un militar, Maestro Mayor del Ejército venezolano. Toqué la puerta, un hombre de unos cuarenta años, me abrió. Me invitó a pasar, yo no le dije que yo era el pastor de la iglesia de la cuadra, me presenté como un creyente en la fe del Señor Jesucristo y que quería compartirle el folleto: ¿Ha óido usted las cuatro leyes espirituales? Mi corazón parecía que se me iba a salir del pecho cuando yo le presentaba el mensaje, a su lado estaban la esposa de aquel hombre y sus dos hijas adolescentes. De los cuatro que evangelicé, solo la esposa dijo que iba a pensarlo mejor, pero los tres aceptaron la invitación a orar para recibir a Cristo. Lo que vino a continuación no podía ser más emocionante para mí, yo estaba conmovido, ellos también. Les dije que volvería al día siguiente para discipularlos...era la primera vez que utilizaba el término. Al día siguiente, estuve para compartirles la primera lección de la Agenda de Educación Cristiana, ellos estaban visiblemente emocionados y obviamente yo también. La esposa me pidió permiso para ir y preparme un cafecito, todos sabíamos que era su excusa para no estar en la lección. Mientras le compartía las cuatro bendiciones que ellos estuvieron al recibir a Cristo el día anterior, escuchamos a la esposa desde la cocina, cuando exclamó: “¡Que va yo no quiero perderme esas bendiciones!, ¿puedo yo también entregarme a Cristo? Todos corrimos hacia la puerta de la cocina, y lloramos mientras la dama oraba, arrepintiéndose y aceptando a Cristo. Al terminar aquel primer encuentro discipular y ver la mano del Señor en todo aquello. Mientras bajaba las escaleras del edificio, el pulso se me aceleraba por llegar a casa y decirle a Mary: “Mi amor, ¡ya tengo mis discípulos!..

¡Así nacimos! Para no alargar excesivamente esta carta, dejo para las próxima algunas consideraciones sobre, nuestros inicios porque la historia que hoy te he contado, no termina allí. Es apenas el fin del principio. Aquellos primeros discípulos marcaron lo que iba a ser posteriormente la Primera Marcha Evangelizadora.

Un abrazo.


Francisco

Ps. En la fotografía podemos apreciar nuestro amado: Daniel Robayo, rodeado de los facilitadores en el Entrenamiento de 1997, en ocasión de los 25 años de Marcha Evangelizadora. La labor desempeñada por nuestro amado Generalísimo, ha sido inestimable en términos humanos, nos acompaña desde la Novena Marcha Evangelizadora en 1984. ¡Que el Señor continúe bendiciendo las vidas de Daniel y su esposa Bertha! En realidad, Daniel estaba impactado con la estrategia desde 1979, cuando celebramos el Primer Congreso Evangélico de Venezuela.
El alcance del ministerio de este amado (G.R de las Fuerza Aérea Venezolana) dentro de la obra evangélica venezolana, y en particular, con la Convención Nacional Bautista de Venezuela, los últimos 25 años, sólo la conoceremos en la eternidad. Daniel, amado en Cristo, gracias por contagiarnos de tu delicadeza, integridad y pasión por tu amado Señor Jesucristo. Simplemente en nombre de todos los jóvenes marchistas que has impactado con tu preciosa vida: ¡Gracias!
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El Comienzo de la Marcha

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Querido Timoteo:

El comienzo es el ingrediente principal de todo esfuerzo humano. “El comienzo es más que la mitad del todo”, ha dicho Aristóteles. Así que en esta carta continúo con el relato de la primera familia que evangelicé personalmente, allá en Maracay por el año 1976. Como ya te lo escribí antes, Dios me estaba utilizando desde el púlpito y me encaminaba ser un evangelista de campañas masivas. Pero yo no tenía paz al seguir en aquella dirección. Buscando en mi mente, por aquellos años, en un artículo que escribió en el Luminar Bautista, el siempre bien recordado J.J Corti, él hizo esta sentencia: “Los grandes evangelistas no llenaran nuestros templos” Del mismo modo, en mi viaje de graduación a Maracaibo en 1975, en la librería “La Estrella de la Mañana” adquirí el librito, pequeño en páginas pero grande en contenido, “Desafío a la Evangelización” de Kenneth Strachan. Allí, este conocido hombre de Dios impulsor de ese gran movimiento llamado Evangelismo a Fondo, dice que después de leer los libros que podía, hacer algunas visitas, observar, preguntar, llegó a una conclusión. Descubrió que la doctrina en sí nada tenia que ver con la expansión de un movimiento, que la forma del culto, tampoco; que la forma de gobierno tampoco; que la preparación ministerial, con perdón de los profesores de institutos y seminarios, tampoco. Había solamente una causa, sólo una que explicaba esa expansión rápida. No era la doctrina, no era la forma de gobierno, no eran los métodos en sí, no era el personal dirigente, no era el dinero que tuviera la organización y que gastara en propaganda, no era su énfasis particular: una sola cosa explicaba el crecimiento de los movimientos que él había estudiado los tres movimientos de rápido crecimiento en esos años en América Latina, los cuales eran: el comunismo, los testigos de Jehová y el movimiento pentecostal. Kenneth Strachan había llegado a la conclusión de que una sola cosa explicaba el crecimiento de cualquier movimiento. Lo cual redujo en una frase que actualmente es conocido con el teorema que lleva su nombre, el cual es el siguiente: “Que la expansión de cualquier movimiento está en proporción directa al éxito obtenido en movilizar y desplegar a su total membresía en propaganda continua de su fe.”

Es, pues, movilizar al pueblo en una forma continua que ore, evangelice y discipule en una forma eficiente que producirá el crecimiento que la obra ha estado esperando. Los demás elementos pueden ser importantes, pero nada ni nadie podrá detener a un pueblo con una sola visión y pasión. En nuestro caso, la visión y pasión evangelizadora. El evangelio que nos ha hecho tanto bien a cuantos los hemos puesto en práctica, no pueden ser malo para nuestra nación y el mundo entero.

¿Cómo movilizar a la gente? Este otro atolladero me sería respondido como vencerlo en forma extraordinaria, cuando la Convención me envió a participar en una estrategia misionera brasilera llamada: Operación Transtotal. Por cierto, yo no era el escogido para ir, pero dos de los amados invitados primeramente, no pudieron viajar y yo fui. Ese diciembre de 1975 y ese evento estaban planificados, perdóname lo personalista, para mí. Desde el primer momento supe que Dios me había hablado por medio de aquella circunstancia, era posible movilizar a un grupo de hermanos para que fueran e hicieran un impacto en una determinada área. Claro los hermanos brasileros había movilizados a una gran parte de sus 250 misioneros nacionales que tenían para aquella época. Todos eran egresados de instituciones académicas o por lo menos, estudiantes del último año de los distintos seminarios. Sin embargo, el estilo de los amados era el de predicaciones y el entregar tratados. Retorné del viaje el día 23 de diciembre pero sabía que Dios nos permitiría tener una Operación Transtotal a la venezolana.

¿De que depende, pues, la eficacia de una estrategia de crecimiento? Dos cosas, estaban bien claras. Tendríamos que hacer un evento para entrenar a nuestra gente, poner en práctica lo aprendido inmediatamente yendo a buscar a los perdidos sin Cristo, y después, lograr que los capacitados, se mantuvieran orando, evangelizando y discipulando todo el tiempo. Pero, ¿de donde saldrían estos obreros que necesitábamos? Este era el otro punto débil al cual tendría que hacer frente. La respuesta me llegó a través de la familia Rodríguez Molero, es decir, aquella primera familia de la cual te conté en mi carta anterior.


El hermano Luis Rodríguez, me comunicó en uno de aquellos encuentros discipulares, de paso, yo iba todos los días a discipularlos, que toda la familia viajarían a Maracaibo, de donde Cándida, la esposa era oriunda. Yo sabía que esos días festivos estaban muy próximos y entonces hice algo que yo mismo me extrañé cuando me lo oí: ¡los desafié a que se preparan porque ellos iban a ese viaje como misioneros, esto significaba que tendrían que evangelizar a sus familiares! Me aceptaron el reto. Los adiestré con el folleto de las cuatro leyes espirituales. Todavía me acuerdo cuando nos despedimos en el hogar de ellos. Me sentía como el padre que tiene que dejar a su propios niños en manos extrañas. Mary y yo, oramos mucho por ellos. Ni el compromiso de los servicios de semana santa, ni los bautismos que celebraría el domingo de resurrección, me impidieron olvidarme de mis amados discípulos. Así llegó el lunes en que ellos retornaron del viaje. El martes en la mañana, no habría ninguna cita para mi tan especial como aquella con la familia Rodríguez. “¡Siéntese pastor para que no se caiga con lo que le vamos a contar!” _Habló, Cándida. Con ese acento tan característico de los zulianos. Así lo hice: Con voz serena, el hermano Luis Rodríguez me contó su viaje, de la manera como la familia los había recibido y de cómo ellos sin perder tiempo, les testificaron a todos los que pudieron. Resultados: ¡trece personas recibieron al Señor!...

Así comenzamos. Algo me decía en lo profundo de mi ser que la Marcha Evangelizadora sería ante todo, un movimiento de laicos. Pensé en esos días: que el Señor no quería que un solo evangelista fuera la estrella de nuestro cielo denominacional; sino que Él, en Su gracia, levantaría a hombres, mujeres y jóvenes, en gran calidad y cantidad para que la luz del evangelio, iluminara nuestra patria y al mundo. Marcharían como un ejército en orden y con una sola consigna: ¡Cristo, mi pasión y triunfo. Con Él, todo. Sin Él nada! Tal vez, mucho de ellos, nunca recibirían reconocimiento en esta tierra; pero sus nombres están escritos en donde jamás serán ignorados y borrados. ¡Alabado sea el Comandante de la Marcha Evangelizadora: el Señor Jesucristo!

Bueno, mi amado discípulo, nos vemos, Dios mediante, en el Entrenamiento en Venezuela.

Abrazo.


Francisco Aular

Ps. Encabezo esta carta con una fotografía en donde estoy con el siempre y bien recordado pastor: Joel Cruz Martínez, en ocasión de la Primera Marcha Evangelizadora de Fort Lauderdale, en Floridad en 1997, tres años después en el año 2000, nuestro hermano Joel Cruz Martínez, se nos adelantó en la Marcha en el cielo. ¡Hacia ya vamos!

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30 años en marcha por Venezuela y el Mundo


Querido Timoteo:




"Las lágrimas que derramamos cuando sembramos la semilla se volverán cantos de alegría cuando cosechemos el trigo". Salmo 126.5-6 (BLS)


Tu carta me ha emocionado que no me queda otro camino que responderte de inmediato. Tu pregunta acerca de ¿cómo empezó la Marcha Evangelizadora? Me hizo verme a mi mismo a los treinta años, en aquella Venezuela llena de optimismo y visión de futuro de finales de 1976, en la ciudad de la eterna primavera, Maracay, eran años de la presidencia del primer gobierno del señor Carlos Andrés Pérez. Me encontraba dejando el pastorado en la siempre bien recordada Iglesia Bautista el Buen Pastor. Puedo decirte que mis sentimientos iban desde la tristeza de separarme de aquella gente tan amada, exaltado con la ilusión de alcanzar a Venezuela y al mundo con el evangelio, carrera que iniciábamos mi esposa Mary y nuestros hijitos: Daniel, Frank, Rubén y Mary Ruth que llegaría muy pronto. Estábamos lanzados y desafiados al ministerio a tiempo completo en la evangelización, pero no teníamos el sustento garantizado. Como ya debes saberlo. Como buen bautista no damos un paso sin pisar tierra firme. Yo lo había dado. La renuncia al pastorado se había hecho efectiva. Pero te confieso que me encontraba preso por la vocación y pasión evangelizadora que me consumía. Sentía que todos los caminos de la patria me llamaban y mis pies estaban presurosos a ir. Vivía ese precioso momento en que saberse llamado por Dios, es la mejor recompensa, más, mucho más que todo lo que pudiera alcanzar en la vida como consecuencia de no obedecerlo. Y fuimos.

Mirando retrospectivamente, hoy siento que haber emprendido aquella Marcha Evangelizadora es lo mejor que me ha pasado y pudo ocurrirme, pues orar, evangelizar y discipular, ha sido para mí, la mejor manera de vivir en lo particular y en lo colectivo, también he visto que las consecuencias de haber obedecido al Señor cuando nos invitó a ser parte de Su plan, ha bendecido en gran manera a muchos que como tú, han llegado a la salvación y a un destacado liderazgo en el reino del Señor, todo ello es parte de nuestra gloriosa historia de la obra evangélica venezolana. ¡Alabado sea el Señor Jesucristo, Comandante de nuestra Marcha Evangelizadora!

La pasión por llevar el mensaje de la salvación por medio del Señor JESÚS, me parece el punto de partida indispensable para hablar de los comienzos de la Marcha Evangelizadora. El diccionario dice que pasión es “una fuerte emoción, un ardiente amor, empeño, deseo anhelante, esperanza y gozo”. Nosotros los que estábamos involucrados en el movimiento sentíamos con toda sus consecuencias esta pasión evangelizadora. Podíamos hacer nuestra la consigna paulina: “...y ay de mí si no anunciare el evangelio” 1 Corintios 9.16b Así llegamos desde Maracay a Barquisimeto, aquel 15 de Agosto de 1977. Sabido es que todos éramos un montón de desconocidos de la obra. La mayoría de ellos jóvenes. Pero cuatro días de adiestramiento intensivo nos mostraron que no teníamos nada que ganar ni nada que perder. Teniendo a Cristo lo teníamos todo. Todo lo que hiciéramos de allí en adelante sería ganancia para el reino. ¡Eso hicimos! Obedecimos. Fuimos y ¡Dios lo hizo!
Otra información, en la gráfica puedes ver una fotografía que nos tomamos en 1997, en Hollywood, Florida, en el marco de la Primera Marcha Evangelizadora en aquella ciudad. Me acompañan los pastores: Enrique Montoya y Julio Ruiz, ellos fueron usados en muchas maneras en aquella Primera Marcha Evangelizadora de 1977. Ambos siervos han sido bendecidos con muchos frutos para el Reino, y todavía les queda mucho camino para recorrer, con la ayuda del Señor. Pero volviendo a la Marcha de Florida, en Fort Lauderdale, allí, Dios utilizaría grandemente a un joven marchista de la tercera generación: Vernig Suárez. Como resultado, se fundó una nueva iglesia en aquel lugar.

Hoy ¿dónde estamos? La Marcha Evangelizadora ha llegado a ser uno de los brazos fuertes de la obra de evangelización y discipulado, en la obra que la vio nacer: La Convención Nacional Bautista de Venezuela. Pero ha ido mucho más allá. Se han realizado Marchas Evangelelizadoras en casi todos los países de América Latina. Discípulos forjados bajo esta estrategia la han compartido por muchos lugares. Una nueva generación de marchistas que el Señor ha levantado han continuado llevando la bandera con firmeza y distinción, también ellos se mueven bajo una pasión evangelizadora y algunos han dejado todo por servir al Señor, en distintas condiciones, ambientes y necesidades. He oído noticias muy alentadoras de lo que el Señor hace y hará con ellos. Pero se que una mayoría de ellos, sus hechos no los conoceremos sino en el cielo. ¡Ese es el mejor lugar para recibir reconocimientos!

Esta misma semana, en una reunión de plantadores de iglesias de la Convención Bautista Conservadora de Virginia, he tenido el privilegio de escuchar a un doctor en teología (su disertación doctoral fue un estudio sobre la Marcha Evangelizadora) hablo de mi amigo, Stewart Pickle, actualmente, director de planificación estratégica para plantadores de iglesias de la Convención antes mencionada, él dijo, haciendo alusión a su viaje a Venezuela y su participación en la Marcha Evangelizadora del año 2002, en Acarigua: “Ningún otro grupo de evangelizadores he visto con mayor pasión, amor, unidad y sentido de trabajo en equipo que los marchistas venezolanos. Ese mismo espíritu quisiéramos en los marchistas estadounidenses. Aquí estamos para fundar iglesias nuevas que sean evangelizadoras y discipuladores, y que funden otras iglesias con esa misma visión y pasión...”

Pero mi querido discípulo, esta carta se ha prolongado más de lo que esperaba. Es mi anhelo continúes creciendo conforme a la gracia y el conocimiento del Señor, me despido. Nos veremos, si el Señor nos lo permite el próximo año en Venezuela. Estamos orando para entusiasmar a todos los que han sido marchistas, los que han creído en el Señor y los que han crecido en el Señor, y que en esta hora se encuentrar en muchos lugares del planeta para que celebremos juntos estas tres décadas inolvidables. Será una fiesta del espíritu y el alma, no te la pierdas.

Un abrazo,


Francisco

PD. Existe un gran entusiasmo aquí en el exterior y hasta tendremos marchistas que vendrán desde Suiza y España, solo por nombrar dos países.
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